La salida procesional de la Virgen del Carmen en el día de su Festividad fue muy especial, y es que la Junta de Gobierno de la Hermandad había decidido que en el trayecto que recorre la Virgen en su paso desde Su capilla hasta las puertas del templo, se diera lectura a los versos que el escritor y poeta D. José María Pemán dedicara a la Virgen del Carmen Coronada, Titular de la Venerable y Real Hermandad de Ntra. Sra. del Carmen de San Fernando. De esta manera, mientras el Secretario de la Hermandad recitaba dichos versos desde el ambón del altar mayor, la Banda de Música Agripino Lozano interpretaba desde fuera del templo la marcha de procesión titulada «Pasión, azahar y sal», del compositor D. Sergio Flor, la cual a su vez está basada en la danza andaluza «La Isla» que el músico D. Rafael Márquez Galindo dedicara en 1960 a nuestra tierra.
Cargadores de la Isla,
mecedla con suavidad,
que lleváis sobre los hombros
a la Reina de la mar.
Cargadores de la Isla:
esa que vais a sacar
es la Virgen marinera,
que huele a marisco y sal;
la que llamaban Señora
y Capitana, al rezar,
los abuelos que tenían
claras almas de cristal
bajo la recia envoltura
de sus capotes de mar;
la que apacienta las olas
los días de tempestad;
la que esta tarde de julio
el crepúsculo honrará
colgando nubes de grana
por los balcones del mar.
Yo la vi que estaba triste
la Señora, en el altar.
Su rostro llenaba el lirio
de una palidez mortal
-¿Qué te pasa, mi Señora,
Capitana de la mar,
que más que Virgen del Carmen,
pareces de la Piedad?
-Tres años hace, tres años,
que me estoy sin ver la mar,
sin oler las algas verdes
y sin ver la claridad.
¡Mis hijos, los de la Isla,
ya no me quieren sacar!
-No lloréis, Señora mía,
que dice un viejo refrán
que la fortuna y el sol
igual vuelven que se van.
¡Cargadores de la Isla,
marineros de la mar!:
La Señora estaba triste:
si la queréis consolar,
cuando la saquéis, mecedla
de esa manera especial,
hecha de tango y ternura
y de vaivenes de mar,
como se mecen los santos
desde los Puertos a acá,
¡como no saben mecerlos
en ninguna parte más!
Tú, cargador, que no sabes
rezar la Salve, quizás:
si cuando la saques, meces
el paso con buen compás,
aunque no sepas la Salve,
Dios te lo perdonará…
¡que mecer así a la Virgen,
ya es un modo de rezar!