Reflexión
En la vida de María, también Dios se acercó a ella y le pidió algo.
Ella, como nosotros, se puso colorada pues no acertaba a comprender este gesto de Dios.
A pesar de ello se da cuenta de que Dios necesita de su
persona para realizar algo grande.
Se reconoce poca cosa, pero se entrega total e incondicionalmente a lo que Dios quiere de ella.
Y al “sí” de María se produce algo maravilloso: el hombre que hasta entonces vivía arrastrado,
encuentra la vida, la liberación.
Dios quiere de ese modo hacer que el hombre sea el auténtico protagonista de su propia salvación:
la salvación del hombre se hará realidad gracias al “sí” de una mujer.
La vida del hombre comenzaba a abrirse camino, la esperanza de la salvación se empezaba a
convertir en realidad gracias a que María dijo que sí.
Oración:
María:
Muchas veces en nuestra vida
hemos sentido la exigencia de Dios:
unas veces grandes cosas,
otras, pequeños detalles casi sin importancia.
Y también unas veces le hemos dicho que sí
y otras que… no.
Por eso pedimos que a tu ejemplo
tengamos siempre preparado a Dios
nuestro SÍ, grande y generoso,
que no dudemos.
Que abramos nuetro corazón
a la exigencia de Dios.
Que nunca digamos a Dios que no.
Madre, enséñanos a decir que sí.