Patrona y Alcaldesa Perpetua de la Ciudad de San Fernando - Patrona y Capitán General de la Armada Española
Fundada el 16 de mayo de 1698

14 de noviembre, Fiesta de todos los Santos de la Orden del Carmelo

Hoy 14 de noviembre, con gran júbilo recuerda la Orden del Carmelo a los Santos y Bienaventurados que un día vistieron el Santo Escapulario y que ahora, tras su paso por esta vida, se encuentran en el Paraíso, formando parte de la Iglesia Triunfante.

Ellos son una inmensa muchedumbre de hombres y mujeres, que consagraron su vida a Dios, abrazando las enseñanzas del Divino Maestro e imitando su vida y se entregaron al servicio de la Santísima Virgen María en la oración, la abnegación evangélica y el amor a las almas, sellado a veces con su sangre.

“¡Cuántos santos en el cielo llevan nuestro hábito!. Abrigamos la esperanza de hacernos, con la gracia de Dios, semejantes a ellos”. (Sta. Teresa, Fund. 29,33). De la Venerable Teresita González Quevedo, carmelita muerta en 1950, afirmó su amiga Carmen Aguado: “Siempre decía que se había ido a carmelita para ser santa”.

El carmelo ha aportado a la iglesia un acervo riquísimo de doctrina espiritual, pero seria muy poca cosa si esta sublime doctrina carmelitana no la hubiera confirmado con la santidad de su vida, es decir, la de sus hijos.

A finales del siglo XV, un sabio benedictino, el célebre humanista, abad Juan Tritemio, escribió una obrita laudatoria del carmelo, en ella hacía esta preciosa afirmación: “Si hay quien pueda contar las estrellas del firmamento, ése podría contar los santos del carmelo”.

Esta exagerada afirmación no lo será tanto si tenemos presente, que no sólo los religiosos, monjas, religiosas de las dos ramas carmelitanas son miembros del Carmelo, sino cuantos seglares de una u otra forma viven de su espíritu y visten su santo escapulario.

La gran doctora Santa Teresa dirá que la más santa será “quien con más mortificación y humildad y limpieza de conciencia sirva a Nuestro Señor”.

Dos meses antes de morir, Santa Teresa del Niño Jesús nos dará una clara y tajante lección al decirnos: “no reside en esta o aquella práctica, sino que consiste en una disposición del corazón, que nos hace humildes y pequeñitos en los brazos de Dios, conscientes de nuestra debilidad y confiados, hasta la audacia, en su bondad de Padre”.

Este caminito espiritual de simplicidad y confianza sin límites en la bondad del Padre Celestial lo vivieron todos los santos del carmelo.
Para ser santos hemos abrazado la vocación del carmelo. Los papas han presentado repetidas veces al carmelo como escuela de santidad. Recordamos una de las citas: citas del Venerable Papa Pío XII, el 16.7.1952, después de citar a varios santos carmelitas:
“A este escogidísimo conjunto (de los santos del carmelo) hay que añadir otros casi innumerables ejemplos, que si bien no brillan externamente con tan grande fulgor, sin embargo se os proponen como dignos de imitación con frutos saludables… y confiamos que las coronas de santidad cuyo fulgor tanto ha brillado a lo largo de todos estos tiempos, se verán aumentadas por nuevas flores y nuevos frutos que atestiguan cada día la virtud potente de vuestro Instituto; para lograr todo esto, sírvaos de guía y medianera de gracias celestiales la Santísima Virgen Maria bajo la advocación del carmelo”.
Concluimos recordando que: “si somos hijos de los santos y esperamos su misma vida” (Tob 2,18), estamos obligados a cumplir el consejo que nos da el célebre santo del carmelo el Beato Bautista Mantuano: “Estos varones del Carmelo nos fueron dados como modelos para que los imitemos, y, conocedores de sus gestas, despertemos de nuestro letargo”.
Que es lo que con otras palabras decía nuestra gran Santa Teresa de Jesús: “no hagamos tanto agravio a nuestros Santos Padres pasados que dejemos de conformarnos con ellos” (Fund. 14,5).

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